SOBRE MI

  • Ferran Alonso Casabella (Sabadell, 1967)

  • Licenciado en Psicología (UAB) y Master (DEA) en Psicología Social (UB). Experto Universitario por la Universidad de Granada en violencia social.

    La mayor parte de su trayectoria profesional la ha desarrollado en el campo del análisis estratégico. Ha publicado varios artículos de carácter científico y/o de especialidad en revistas nacionales e internacionales.

    Desde 2008 se ha consagrado al estudio genealógico de sus antepasados, lo que le ha llevado a visitar diferentes rincones de la geografía española y, en especial, la zona meridional de Navarra. En los últimos cinco años ha visitado frecuentemente Tudela y los pueblos de la Ribera.


    Su otra gran pasión, compartida con la investigación genealógica, es el atletismo, donde ha conseguido, en su categoría, varios campeonatos y subcampeonatos de España y de Catalunya en la especialidad de lanzamientos.
    Ha participado en Campeonatos Máster de atletismo de Europa; Hungría (2010) y en Campeonatos Máster del Mundo: Finlandia (2009) y Brasil (2013), consiguiendo en éste último un sexto lugar.

Ferran Alonso



INICIO Y DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN GENEALÓGICA

Ocho años atrás, nadie de mi familia, ni yo mismo, éramos conscientes de nuestra procedencia judía. Una noche, medio soñoliento, estaba recordando mi abuelo materno, cuando me pregunté por el origen de uno de sus apellidos, que hasta aquel entonces se me había antojado de lo más catalán. El apellido en cuestión era “Salom”.  Por aquella época, yo mantenía contacto con entidades y comunidades religiosas relacionadas con el diálogo interreligioso y, traspasé mi duda al entonces director del Centro Interreligioso de Barcelona y, éste a su vez, se lo preguntó al presidente de la asociación judía Bet Shalom, el cual confirmó categóricamente el origen judío del apellido. 

A partir de entonces visité en algunas ocasiones a dos comunidades judías de  las cuatro que hay en Barcelona (ATID y Bet Shalom), los cuales me invitaron a celebrar el Pesaj (Pascua Judía) y otras fiestas con ellos. En uno de estos Pesaj coincidí en la misma mesa con el erudito en temas judíos, Pere Bonnín, autor de varios libros sobre historia judía. Bonnín me preguntó por otros apellidos familiares y me confirmó que al menos uno de los apellidos por línea paterna era indudablemente judío: Lacalle, que tiene como homónimo catalán Call o El Call; estos apellidos se les atribuía a las personas que vivían en la calle donde estaba situada la sinagoga en los barrios judíos. De hecho, el pueblo de donde era originario mi padre (Almazán) había llegado a tener una importante aljama judía que, incluso superó en número de hogares, a la de su capital de provincia, Soria. 

Así  pues, en un período menor al de dos años, había confirmado mi ascendencia judía por línea paterna y por la de mi abuelo materno. Lo que nunca hubiera imaginado era la ascendencia judía de mi abuela materna, que había nacido en Cuba, de padres navarros y con apellidos tan comunes como Fernández y Muñoz.

Una combinación de azar y tesón fue clave para descubrir una historia oculta durante siglos. 

En 2007 decidí visitar por vez primera el país que vio nacer a mi abuela. Me apetecía vivir la realidad anacrónica de Cuba, mientras ello fuera posible. Llevé conmigo unas cartas que mi madre todavía conservaba del año 1960, cuando había mantenido correspondencia con el hijo del hermano de mi bisabuelo, el cual prefirió quedarse en Cuba después de la guerra de la independencia en 1898. Por el contrario, su hermano menor, es decir, mi bisabuelo optó por regresar a la península. Las cartas llevaban una dirección antigua de donde había vivido la familia descendiente del hermano de mi bisabuelo, por lo que tuve que visitar diversos barrios y preguntar a varios antiguos vecinos hasta que hallé el paradero de mis parientes lejanos. 

Me llevaron a su casa, que estaba al lado del Estadio Nacional de Béisbol de la ciudad de Cienfuegos y, allí disfrutamos de unas horas entrañables debido al reencuentro intergeneracional. En nuestra despedida, los parientes me pidieron que les mandara la fe de bautismo de su bisabuelo para así poder demostrar su procedencia española que les permitiría obtener ciertos beneficios. Les prometí que así lo haría cuando me fuera posible. 

Casi un año después, estaba recorriendo los pueblos de la Ribera del Ebro en busca de mis antepasados. En la iglesia de Santa Ana del pueblo de Buñuel encontré el certificado de matrimonio de mis bisabuelos, pero para obtener la fe de bautismo tuve que desplazarme hasta Tudela e ir al Palacio Decanal. Sus archivos eclesiásticos aglutinaban todos los libros sacramentales de la comarca anteriores a 1870.  En ellos encontré los certificados de bautismo de mis bisabuelos y del hermano de aquel y, de esta manera, pude cumplir con la promesa dada a los parientes cubanos. 

En el Palacio Decanal me atendió Víctor, encargado eventual del archivo por estar de baja por maternidad la titular del mismo, Mercedes Terrén.  

Actualmente, no recuerdo con precisión como llegamos Víctor y yo a hablar sobre judaísmo y sobre la “Manta de Tudela”, pero para mi fue una enorme sorpresa descubrir que Tudela y los pueblos de la Ribera habían albergado durante siglos importantes aljamas judías, siendo la de Tudela la más importante de Navarra y el último territorio de la península en expulsar a los judíos. En ese instante decidí profundizar en el estudio genealógico de mi familia puesto que todos los antepasados de mi abuela materna provenían de la Navarra meridional. 

Víctor me explicó que un gran lienzo colgaba de la sinagoga anexa a la Catedral de Tudela con los nombres de los judío conversos. Dicho tapiz era conocido como la “Manta de Tudela” y de él provenía la expresión "Tirar de la Manta" cuando alguien intentaba desvelar verdades ocultas. 

Por una cuestión de cálculo probabilístico tuve la intuición de que alguno de mis antepasados estaba expuesto en esa Manta y empecé a indagar desde ese primer viaje en los archivos eclesiales. Víctor y Mamen fueron de una ayuda excepcional en mis primeras visitas al archivo del Palacio Decanal. Posteriormente, visité los archivos en ocho ocasiones más y obtuve todo el respaldo de la archivera eclesiástica, Mercedes Terrén, quien me guió y aconsejó en todo momento en mi investigación y que sin su ayuda no hubiera sido posible obtener los resultados que se han logrado. 

La conclusión de este trabajo es que, remontándome cinco siglos atrás, he logrado conectar con mis antepasados, algunos de los cuales son judeo conversos y se encuentran expuestos en la Manta de Tudela. Se empezó tirando de un hilo, y se acabó tirando de la Manta. Pero, sin duda, el resultado más gratificante es el haber podido disfrutar de todo este proceso que me ha permitido asomarme, no sin vértigo, al abismo de la historia y saludar a tantas generaciones que me precedieron y poder recuperar un poco de la memoria histórica de un pueblo que por sus creencias tuvo que difuminarse o mimetizarse con los demás para su supervivencia.